La visión de Jesús sobre la Escritura

La visión de Jesús sobre la Escritura

La visión de Jesús sobre la Escritura

LA VOCACIÓN Y LA BIBLIA

Parte 1 / Introducción

Por Guidoberto Mahecha

Vocación es uno de los temas importantes de la vida cristiana. Por vocación entendemos el deseo humano de responder a una invitación, hecha por Dios, a comprometer la vida en beneficio de otros seres humanos. Algunos autores distinguen entre una vocación particular y una vocación general. La vocación general a menudo se identifica como la aceptación de la salvación.

Merval Rosa afirma que la vocación es uno de los aspectos más personales de la experiencia espiritual del ser humano.1 La vocación se vuelve religiosa cuando la persona ubica su cumplimiento en un contexto sobrenatural y se siente llamada por Dios. Es importante que la persona llamada a una vocación religiosa tenga un sentido de madurez cristiana, pues las demandas son mayores, en muchos casos, a las de un trabajo regular.

Vocación es lo que permite que una persona dedique su vida al servicio de personas enfermas, o de niños o de una causa política o ecológica, o a evangelizar, o a predicar. Hay muchos ejemplos de vocación en la Biblia, tanto en el Nuevo como en el Antiguo Testamento. En la iglesia cristiana se ha desarrollado un área dentro de las manifestaciones de la espiritualidad a la cual se le ha llamado vocación.

Hemos dicho que entendemos por vocación la respuesta humana a una invitación divina a servir. Dado que es una respuesta humana, diferentes personas en diferentes situaciones pueden entender de diferentes maneras su vocación. Afirmar esto nos lleva a considerar con humildad que nuestra vocación es un compromiso con Dios y nuestra comunidad de fe, y que otras personas pueden entender su vocación de manera diferente.

Dentro de nuestros propósitos queremos destacar el proceso por el cual una persona entiende que ha sido llamada a un ministerio o servicio. La vocación que comienza con una invitación divina a participar en una determinada misión o ministerio es y tiene que ser

inclusiva. Por inclusiva queremos decir que la invitación divina no diferencia entre razas, sexos y nivel educativo. Vemos que la vocación es la respuesta humana a la invitación de Dios para participar en una situación que exige sacrificios y dedicación, generalmente a favor de las personas más necesitadas dentro de la sociedad. Esto quiere decir que la vocación religiosa no puede darse para mantener situaciones que afecten negativamente a las personas en necesidad.

La Biblia como la palabra de Dios tiene ejemplos de vocación admirables en los que podemos destacar elementos de utilidad para las personas que ya tienen una vocación o están en el proceso de entender su vocación. Es también nuestro interés en destacar aspectos de la vocación que no son usualmente estudiados o tenidos en cuenta.

Presentamos algunos modelos de vocación usando como ejemplo tres hombres y tres mujeres del Antiguo Testamento y luego algunas personas en el Nuevo Testamento. Dentro de este trabajo queremos destacar que hay elementos humanos que Dios usa para completar sus planes y que no siempre se ven en una perspectiva favorable. En el Antiguo Testamento veremos a Abraham, Job, Amós, Rahab, Rut y Débora, y en el Nuevo Testamento veremos a Pablo, María Magdalena y Febe. Después haremos algunas conclusiones que nos permitan entender o dirigir nuestra propia vocación.

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1 Rosa, Merval, Psicología da Religao (Rio de Janeiro: Publicadora Batista, 1971), pp. 209ss.

sexos y nivel educativo.

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Artículo extraído del libro “Descubre la Biblia” / Tomo 1 / Artículo: La vocación y la Biblia / Por Guidoberto Mahecha

La razón más convincente para creer que la Biblia es inspirada, inerrante, clara y suficiente es que eso es lo que Jesús creyó. En sus enseñanzas dio por sentado que el Antiguo Testamento era la Palabra llena de autoridad de su Padre:

“No penséis que he venido para abrogar la ley o los profetas; no he venido para abrogar, sino para cumplir. Porque de cierto os digo que hasta que pasen el cielo y la tierra, ni una jota ni una tilde pasará de la Ley, hasta que todo se haya cumplido” (Mt. 5.17-18)

Jesús se refirió a una serie de personas y acontecimientos del Antiguo Testamento y siempre consideró la historia del Antiguo Testamento como históricamente exacta. Citó del génesis la Palabra de su Padre cuando dijo:

¿No habéis leído que el que los hizo al principio, varón y hembra los hizo, y dijo: Por esto el hombre dejará padre y madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne? Así que no son ya más dos, sino una sola carne; por tanto, lo que Dios juntó, no lo separe el hombre” (Mt. 19.4-6).

Jesús no sólo dio por sentado que la historia de la creación era cierta, sino que citó libremente  palabras del narrador del Antiguo Testamento como palabras que “dijo” Dios mismo. No es infrecuente que los argumentos teológicos de Jesús estén subordinados a la veracidad de los relatos del Antiguo Testamento. (Mt. 5.12; 11.23-24; 12.41-42; 24.37-39; Lc. 4. 25-27; 11.50-51; Jn. 8.56-58). La visión de Jesús del Antiguo Testamento como la Palabra de Dios se alinea con la manera en que el Antiguo Testamento normalmente se refiere a sí mismo.

Jesús veía su propia vida como el cumplimiento de la Escritura (Mt.26.54; Mr. 8.31). Durante toda su vida utilizó la Escritura para resistir la tentación (Mt. 4.1-11) y resolver conflictos (Mt. 19.1-12; 22.39; 27.46; Mr. 7.1-13; Lc. 10.25-25-26). Al final de su vida, Jesús citó la Escritura cuando se estaba muriendo (comp. Mt.27.46 con sal.22.1). El día de su resurrección explicó la Escritura en detalle mientras iba camino a Emaús y también a sus discípulos en Jerusalén (Lc. 24.13-17, 44-47).

Consiente de su identidad como Dios Hijo, Jesús consideró que sus enseñanzas eran tan divinamente inspiradas como el Antiguo Testamento. Jesús enseñó con una autoridad que lo distinguía de otros maestros de la ley. Interpretó la ley según su propia autoridad en lugar de depender de fuentes rabínicas (Mt. 5.21-48). Afirmó que sus enseñanzas y la ley tenían la misma permanencia: “El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán” (Mt. 24.35, comp. Mt. 5.17-18; Jn. 14.10,24). Jesús consideraba el Antiguo Testamento y sus propias enseñanzas como la Palabra de Dios. Los testigos apostólicos del NT existieron porque Jesús les dio a sus discípulos autoridad y poder mediante el Espíritu Santo para impartir verdades espirituales por escrito y también en forma oral (Mr. 3.13-19; Jn. 16.12-14; Hch.26.16-18; 1 Co. 2.12-13).

Jesús consideraba la Escritura como Palabra de Dios de gran autoridad, sobre la cual basó su vida entera. Aquellos que siguen a Cristo están llamados a tratar a la Escritura (el Antiguo Testamento y el Nuevo Testamento en su conjunto) de la misma manera. Para los cristianos, la Biblia es una fuente de enorme deleite y gozo. Se debe buscar diligentemente a Dios en su Palabra (1 P.2.2). La Palabra de Dios es un tesoro precioso que merece ser estudiado, meditado y obedecido:

Hijo mío, si recibieres mis palabras,

y mis mandamientos guardares dentro de ti,

Haciendo estar atento tu oído a la sabiduría;

Si inclinares tu corazón a la prudencia,

Si clamares a la inteligencia,

y a la prudencia dieres tu voz;

Si como a la plata la buscares,

y la escudriñares como a tesoros,

entonces entenderás el temor de Jehová,

y hallarás el conocimiento de Dios.

(Pr. 2.1-5).

Artículo extraído de la Biblia Teológica /Sección Ayudas / Doctrina Bíblica / La visión de Jesús sobre la Escritura.