La veracidad de la Biblia

Introducción

A lo largo de los años, se ha puesto en duda y a prueba la resurrección del Señor Jesús. Los detractores han aparecido en diferentes épocas y lugares afirmando que la resurrección de Jesús nunca ocurrió… que es imposible… que es una mentira elaborada por quienes quisieron darle a Jesús una entidad que nunca tuvo; es decir, que si bien Jesús pudo ser un hombre bueno, un maestro, cuando murió lo hizo como cualquier otro mortal y que nunca resucitó.

Es claro que los seguidores de Jesús siempre hemos creído y afirmado que la resurrección de Jesús no solo fue un hecho real sino que es clave para comprender nuestra salvación. Veamos algunos argumentos que convalidan esta afirmación.

Evidencia interna de la veracidad de la Biblia

Honestidad 

Los discípulos que registraron el tema reconocen que abandonaron a Jesús y que en un principio no creyeron en la resurrección, aunque algunos testigos le dijeron que había ocurrido. Aún se muestran a sí mismos como ignorantes del plan de Dios.

También es importante resaltar que no tuvieron ningún problema en reconocer que los primeros testigos fueron las mujeres, con las implicancias culturales de la Palestina del siglo I.

Armonía 

Los cuatro evangelistas declaran que fueron testigos directos de la resurrección de Cristo y lo mismo sucedió con otros escritores del NT.

Los cuatro Evangelios presentan los mismos eventos desde perspectivas diferentes. Aunque difieren en detalles, son totalmente armónicos respecto a los eventos principales de la resurrección de Cristo, y todos concuerdan en que fue un evento histórico.

Declaración extraordinaria 

La Biblia registra que la resurrección de Cristo sucedió, y da la hora, el lugar y la gente involucrada; también menciona los nombres de los testigos presentes.

En otras palabras, la declaración extraordinaria no fue hecha en secreto como sería en el caso de que hubiese sido inventada. Esta declaración fue totalmente abierta y conocida por todos. Como no había nada que ocultar se dieron todos los detalles necesarios como para ubicarla en tiempo y espacio.

Falta de motivación para inventar 

No existe ninguna explicación lógica de por qué los discípulos querrían mentir para inventar esta historia.

Contar la verdad de la resurrección no les daría popularidad, ni poder, ni riqueza; es decir, no había ninguna ganancia para ellos que pudiera “tentarlos” como para fraguar tal mentira.

Por el contrario, los discípulos fueron constantemente perseguidos a causa de su confesión de la obra de Cristo y, finalmente, muchos de ellos fueron martirizados por su fe. Nadie en su sano juicio aceptaría fraguar semejante mentira si la recompensa de la misma sería el sufrimiento y la muerte.

Tampoco hubo ninguna posibilidad de que los discípulos hayan confundido a alguien con el Jesús resucitado, pues habían estado con él por más de tres años y conocían perfectamente no solo su apariencia física, sino también sus palabras y la forma de dirigirse a cada uno de ellos.

Evidencia externa

La evidencia surgida de los manuscritos demuestra cabalmente que los relatos de los Evangelios fueron todos escritos dentro de una generación a partir de los eventos registrados, autenticando su veracidad por el testimonio personal de muchos que conocieron los hechos por haber participado en ellos. Desde que sucedió hasta el registro de los eventos no hubo tiempo material como para “inventar” la historia y desarrollar una leyenda perdurable.

Arqueología 

El cuerpo de Jesús nunca fue hallado. Ni siquiera aquellos que negaban la resurrección de Cristo [ni los que la niegan hoy en día] pudieron inventar un cuerpo que probaría que la muerte de Jesús había sido definitiva.

Comprobación extrabíblica 

Hay numerosos escritos extra bíblicos de los siglos I y II que atestiguan lo que los cristianos creían acerca de la resurrección de Jesús. Por ejemplo: Josefo, Papías, la Didaché, Bernabé, Justino el Mártir, Teófilo, Clemente de Alejandría.

Sobrevida en un ambiente hostil 

Hubo muchas oportunidades para aquellos que se oponían al cristianismo para demostrar que era una invención, si efectivamente lo hubiera sido. El hecho de que aquellos que se oponían al cristianismo no encontraron pruebas en contra de su historicidad es un fuerte argumento a favor de la fe.