Panamá 21 de Marzo de 2014

La violencia intrafamiliar es un problema grave que lesiona y desfigura al ser humano, tanto al perpetrador como a la víctima. Ambos se inscriben en la historia cotidiana para vivir en un círculo de violencia recurrente, que como espiral crece, atrapa y enseña a otros a vivir de una manera impropia. Los resultados son funestos, niños son abusados sexual y psicológicamente, mujeres son golpeadas y hasta asesinadas en picos de cólera o ira, jóvenes lastiman a otros, todos son intimidados y encerrados en la cárcel del temor hasta que puedan decidir ser libres, rompiendo el silencio.

Los perpetradores de violencia, por no asumir su conducta violenta, la justifican socialmente y la convierten en parte de la herencia cultural que se transmite por generaciones. De ahí, la necesidad de desaprender esta forma de vida. Una mejor forma de vida es posible. Para ello, debemos vivir sin violencia domestica, social y estructural. No obstante, reconocemos que este es un proceso complejo que va más allá de las buenas intenciones. Supone un compromiso serio con su erradicación y posicionamiento de una nueva forma de relacionamiento entre los seres humanos.

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