Todos los años, en los meses de junio y julio se registran las temperaturas más bajas del año en la sierra peruana. Tiempo en el que nos preparamos para visitar a los niños de las nueve comunidades rurales en la ciudad de Cusco.  No sólo es un viaje largo sino que también es una experiencia contrastante con el clima y costumbres de la costa. 

Lo que marca la diferencia al momento de arribar a la ciudad, es cómo la temperatura desciende y nos envuelve en un frío gélido. Cuando salimos de visita a las comunidades, nos encontramos con temperaturas menos 2° bajo cero… Allí intentamos subir una pequeña loma,  o caminar un poco alrededor del alojamiento y se nos hace imposible.  El frío penetra en los huesos,  los pies se acartonan, la respiración se agita y lo único que quisiéramos es mantenernos en algún lugar bajo techo, con un buen fogón calentándonos los pies. Hasta las botellas de agua se congelan durante la noche.

Por eso impacta cuando los niños van llegando, abrigadas sus cabezas, algunos con guantes, otros con casaquitas cortas, con sus caritas quemadas por las bajas temperaturas y los pies desnudos dentro de sus yanquis. ¡Eso cala más que el mismo frío!  Pero ellos están habituados a vivir así.  Prefieren mantener los pies helados, pero secos.

Cuando empezamos la reunión, a nuestro alrededor  todo es algarabía. Los niños están felices de vernos, y felices porque reciben escrituras,  su remesa de alimentos, y abrigo que con mucho esfuerzo logramos llevar con la colaboración de nuestros fieles donantes de la SBP. Entonces les mostramos el amor de Jesús,  y les hacemos notar que en la gran ciudad, hubieron personas que los amaron sin conocerlos, que se desprendieron de sus recursos económicos y que con fidelidad contribuyeron para abrigarlos en este duro invierno. ¡Los niños, se comprometen a orar por la SBP y por los donantes!

Hasta la fecha, no hemos logrado cubrir con ayuda  a los 540 niños, es nuestro deseo llegar a las diferentes comunidades, como Tahuay,  Molle Molle, Huasac, Taucamarca, Huallapata, Pitucancha, Huayllabamba, Cruz Pata y Ohuay.  ¡Este es un sueño a futuro!

La mejor satisfacción de llevar a cabo este servicio, es ver el amor de los niños reflejado en sus ojos. Su gratitud a Dios cuando juntan sus manitas cuarteadas por el hielo, ajustando los ojos para agradecer en alta voz, a su Taita Dios por haberse acordado de ellos.  Y la verdad,  ustedes y yo sabemos, que Dios siempre se acuerda de ellos, todo el tiempo,  y mueve sus corazones para seguir donando y para seguir llevándoles abrigo, alcanzándoles un evangelio integral;  es como una siembra que dará su cosecha abundante en algún momento, y siempre será para la Gloria de Dios.

Les invitamos a ser parte de este Proyecto participando en la Cena del 12 de julio. ¡Juntos lo haremos posible!

 

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