«Hermanos míos, sigan mi ejemplo. Y fíjense en los que así lo hacen.» (Filipenses 3.17)
 
Pensemos en nuestro pasado y tratemos de recordar qué dijeron nuestros maestros y profesores, las enseñanzas y los regalos que hemos recibido durante la niñez, las fórmulas y los conceptos que hemos aprendido. Con el reloj en la mano, dediquemos cinco minutos para escribir en un papel las cosas que recordamos. ¿Listo?
 
Ahora tomemos otra hoja en blanco y escribamos los nombres de las personas con quienes hemos vivido los momentos más felices, esa gente que nos enseñó con su ejemplo y sus palabras, los hombres y las mujeres que nos ayudaron y estuvieron a nuestro lado cuando más los necesitábamos. Tomemos otros cinco minutos para realizar este ejercicio.
 
¿Cuáles son los resultados de esta tarea? ¿Qué parte nos pareció más difícil?
 
La mayoría de la gente suele decir que le resulta más fácil recordar los nombres de quienes influyeron en su vida antes que acordarse de los conceptos, las ideas y los buenos consejos.
 
Esa maestra que nos ayudó a entender lo que no lográbamos comprender, ese amigo que nos visitó mientras estábamos enfermos, esa tía que nunca se olvidaba de nuestro cumpleaños y siempre nos daba un regalo, esa compañera de estudios que nos hizo una copia de sus notas de clase cuando estuvimos ausentes, personas cuyas actitudes son difíciles de olvidar.
 
Que nuestra manera de vivir, de hablar y de relacionarnos con los demás deje buenos recuerdos en quienes nos rodean.
 
Una de las claves para crecer y madurar es aprender de los buenos ejemplos y tratar de imitar la conducta de quienes agradan a Dios con su vida.
 
Devocional «H20» © Sociedades Bíblicas Unidas, 2010. Texto bíblico: Traducción en lenguaje actual ® © Sociedades Bíblicas Unidas, 2002, 2004. Escritos devocionales elaborados por Cristian Franco especialmente para Sociedades Bíblicas Unidas. Prohibida su reproducción total o parcial. ISBN 978-1-59877-323-1
 
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